Una de las fiestas ineludibles del verano asturiano fue fundada hace setenta y siete años en el bar «La Cueva», con el objetivo de erradicar, o al menos intentarlo, la tristeza de la posguerra en la vida diaria de los habitantes de la villa praviana.

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Año 1948

Fue una fiesta que nació para dar color a una sociedad gris. Allá por 1940, pocos años después de finalizada una contienda que en Pravia fue especialmente sangrienta y ha sido, inexplicablemente, poco estudiada, la villa que una vez glosara Jovellanos en sus escritos seguía sin fiestas. Ya se hacía larga la particular ley seca en cuestión de bailes que imperaba desde que, en el 37, se acabase la guerra, y aquello era cuestión de mucho comentario en todas partes. También en el bar La Cueva, hoy robusto superviviente de aquellos años, y en el que los jóvenes pravianos del siglo XXI aun pasan el rato como (¡o casi!) lo pasaban, por entonces, la tertulia de Telesforo Palacios, Santiago López, José Barrera, Argüelles, Luis el de la Imprenta, «el Minuto», Ulpiano Lueje y demás. Contó José Antonio Martínez, fallecido cronista oficioso de la villa, y rescata ahora el proyecto «Ecos de Pravia», que fue Santiago López, a la sazón alcalde del sitio, quien sugirió organizar una verbena en la calle, el primer fin de semana de agosto de 1940, que sirviera como solaz de los pravianos y pravianas vencidos y vencedores; ricos y pobres; rurales o urbanos.

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Izquierda, 1950 y derecha, 1960.

El lugar elegido fue, ya por aquel entonces, el clásico, el que aún recuerdan los más veteranos «xiringüeleros»: el práu de Cañéu donde, al segundo día de las fiestas -el primero se dedicó al desfile en carroza de niñas con el traje del país y a los bailes por las calles de la villa- bajaron los primeros romeros de la que estaba por convertirse en una de las fiestas más reconocidas del verano asturiano. Nada que ver, sin embargo, con lo que hoy uno se encuentra en los praos Salcéu o Gomanil, ubicaciones contemporáneas de la romería: las fotos de aquellos años muestran una fiesta familiar, de las de mantel sobre el práu, botella de sidra, bollu preñáu y baile de nietos y abuelas. ¡Cambian los tiempos, cambian la fiesta!

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Año 1984. A la izquierda, una charanga. A la derecha, una corderada.

Para muestra, un botón: en 1950, el primer año de Xiringüelu sin la presencia de Santiago López (había muerto poco antes, cuando ya la fiesta duraba tres días), en la «Hoja del Lunes» ovetense, un sentido periodista bajo las siglas de E.F. recordaba su figura y la de Telesforo Palacios, fallecido en el 49, junto a una égloga de lo auténtico del Xiringüelu frente a otras fiestas con más extranjerismos y modernidades. «El Xiringüelo (sic) es alegría y bullicio honesto y asturiano de pura cepa». Y aun se aventuraba más: «Por su trascendente misión, es el Xiringüelu digno de la atención de fundadores y seguidores, y de la protección oficial. Cuidándolo y fomentándolo por todo el solar astur; sin tener en cuenta la vaciedad de los que “no toleran la gaita” y en cambio se “conmueven” ante la antimúsica de africanas latitudes. Gaita y “Verbena de la Paloma”, en su justa dimensión y oportunidad, que en demasía o a destiempo, todo es molesto, cuando no nocivo».

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Fotos del año 1985.

Cambiante o no (ya no se estilan las corderadas que, a lo largo de los años 80, fueron protagonistas de los reportajes gráficos de toda la prensa asturiana), el Xiringüelu presume de ser la única fiesta de Asturies que no ha dejado de celebrarse ni un solo año desde su fundación -que sea tan reciente, y que haya escapado a periodos bélicos, tiene mucho que ver en ello-. Aun en 1984, el periodista Xuan Cándano hablaba de la pervivencia en el práo de la orquesta «La Estrada», la más veterana de todas cuantas tocaban ese año en el Salcéu: llevaba desde el origen de la romería, más de cuarenta años atrás, amenizando el «Xirin».

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A la izquierda, el prau en 1986. A la derecha, en 2012.

Pero el Xiringüelu también hubo, y de qué manera, de adaptarse a los nuevos tiempos. En 1980, la fiesta se despidió de Cañéu, su ubicación clásica, para desplazarse al Salcéu, bajo el puente de Peñaullán. El enorme número de romeros y de visitantes que, procedentes desde todos los puntos de Asturies, llegaban ya a la fiesta, obligó a buscar una nueva parcela cuya elección no estuvo exenta de polémicas. Nunca lo ha estado el «Xirin». Incómoda decisión fue, hace no tanto, el vincular a la fiesta una suerte de festival de música electrónica, la tardía limpieza del práu tras la fiesta algunos años -el último, el 2013- o, casi siempre lo es, el reparto y la distribución de las parcelas para la construcción de casetas, una tradición de hace ya más de tres décadas. Y, por supuesto, lo sigue siendo el que, desde hace ya años, el Xiringüelu haya dejado de ser una fiesta de botella, bollo y mantel: nostálgicos de una y otra edad aseguran que las fiestas de su juventud fueron, como asegura la canción que lo fue también «cualquier tiempo pasado», mejores. Nada nuevo bajo el sol: la polémica solo hace que atestiguar que, casi ochenta años después de su fundación, el Xiringüelu está más vivo que nunca.

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Fotos del año 2012.