Solo necesitas dos bolsas de agua y un poco de paciencia para conseguir que el calzado deje de hacerte daño. O no nos hemos probado bien los zapatos en la tienda o solo había un número más pequeño que el nuestro y nos encantan o nos los hemos comprado por internet y no queremos devolverlos. La cuestión es que cada vez que nos ponemos esos zapatos nos matan de dolor porque nos quedan demasiado apretados. Conclusión: siguen en nuestro armario esperando a que, contra toda probabilidad, ensanchen solos o nuestro pie encoja.

Pues bien, la solución a este problema es mucho más sencilla de lo esperado. Tan solo se necesita dos bolsas de plástico con cierre hermético, agua, un congelador y paciencia. Son muchos los blogueros que lo explican a través de diferentes tutoriales pero el procedimiento, a grandes rasgos, consiste en llenar un poco las bolsas de agua y meterlas en la parte delantera del calzado. A continuación se introduce el calzado en el congelador y se deja ahí hasta que el agua se congele y un poquito más. Posteriormente se extraen y se deja que el agua se descongele un poco. Y, ¡ya está! Los zapatos entran como un guante.