Los bosques asturianos esconden secretos que solo se revelan a quienes se adentran en la espesura. Son rincones de gran belleza, casi mágicos, que se muestran en todo su esplendor al senderista que camina disfrutando de cada paso. Muchos de esos lugares tienen como protagonista indiscutible una cascada o salto de agua que, si hacemos caso a las guías turísticas, hay que tratar de visitar al menos una vez en la vida. Aquí van algunas propuestas.

1. Tabayón de Mongayo (Caso)

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Si de cascadas se trata, no hay duda de que una de las referencias de Asturias es el Monumento Natural del Tabayón de Mongayo, en el concejo de Caso. Con sesenta metros de altura, es una de las cascadas más majestuosas del norte de España. Enclavada en el Parque Natural de Redes, está enmarcada por un frondoso hayedo y la ruta de acceso, de unos nueve kilómetros, transcurre por un paraje de gran belleza en el que es posible identificar árboles centenarios.

2. Cascadas de Oneta (Villayón)

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Otra de las referencias para el turista que quiere disfrutar de los secretos de Asturias es el Monumento Natural de las Cascadas de Oneta, en el concejo de Villayón. Son tres los saltos de agua que se descubren siguiendo una ruta de poco más de un kilómetro que comienza en el pueblo del mismo nombre. La primera de ellas es La Firbia, una cascada de más de quince metros de altura. Siguiendo el itinerario, el caminante se encuentra con La Ulloa y La Maseirúa, cuyo acceso entraña mayor dificultad. Las dos últimas tienen menor caída que la primera, pero eso no merma su belleza. Si se tiene tiempo, en Villayón también se puede disfrutar de la ruta de la cascada de Méxica, de diez metros.

3. Cascada de Seimeira (Santa Eulalia de Oscos)

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Otro de los reclamos naturales del Occidente de Asturias es la espectacular cascada de Seimeira, en Santa Eulalia de Oscos. Este bello salto se descubre al final de una ruta de tres kilómetros que transcurre por un bosque autóctono de naturaleza exuberante. Acceder a este enclave también permite conocer elementos etnográficos como las ‘corripas’, construcciones de piedra utilizadas para almacenar castañas, o vestigios de la manufactura del hierro, una actividad aún presente en toda la comarca.

4. Cascada de Cioyo (Castropol)

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La de Seimiera no es la única cascada que atesoran los bosques de la Reserva de la Biosfera Eo-Oscos y Terras de Burón. A varios kilómetros, en el interior del concejo costero de Castropol, se encuentra el salto de Cioyo, de más de treinta metros de altura. La ruta de acceso, de casi tres kilómetros, comienza en las antiguas escuelas de la aldea de Vilarín y transcurre por el corazón de un frondoso bosque autóctono que finaliza a los pies de la cascada.

5. Cascada de Xurbeo (Aller)

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Otro de los enclaves casi mágicos de Asturias es la cascada de Xurbeo, uno de los secretos mejor guardados del concejo de Aller. Se trata de un salto de agua de unos veinte metros de altura localizado a poco más de un kilómetro de la localidad de Murias al que se accede siguiendo el curso del río Negro. La belleza del lugar es tal que el Ayuntamiento ha decidido promocionarlo como uno de sus principales recursos naturales. En el marco de esta campaña se han organizado una serie de visitas guiadas y gratuitas al enclave. La última de este verano tendrá lugar este domingo, 27 de agosto, a mediodía. Una oportunidad para descubrir también muchos detalles del valle del Río Negro.

6. Salto de Máñoles (Tineo)

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Documentada desde el siglo XVI, no fue hasta el año 2014 cuando el Ayuntamiento de Tineo acondicionó el acceso para facilitar a vecinos y visitantes el disfrute de la cascada de Máñoles, un salto de agua de unos veinte metros de altura que se ha convertido en un gran atractivo del concejo. Localizada a escasos dos mil metros de la capital tinetense, está llamada a ser el centro de un itinerario natural que abarcará varios kilómetros.

7. Cascadas de Guanga (Oviedo)

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A poco más de diez kilómetros de Oviedo, en el corazón del Valle del Trubia, se encuentran las cascadas de Guanga, un enclave aún desconocido para muchos que ha ganado popularidad en las últimas semanas. Fue el lugar elegido por el Ayuntamiento para fotografiar al artista Rodrigo Cuevas desnudo y promocionar el concejo en la última edición de la Feria Internacional de Muestras. La ruta hasta estas cascadas, que se descubren entre una densa vegetación, apenas alcanza los tres kilómetros. A medida que se avanza, además, se pueden encontrar pequeños saltos que se deslizan entre los árboles.

8. Cascada de Covadonga (Cangas de Onís)

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Si hay un salto de agua conocido en Asturias es el de la Santa Cueva de Covadonga, uno de los elementos centrales del conjunto monumental más visitado del Principado. El emblemático santuario mariano está construido en una gruta natural de las estribaciones del Monte Auseva de la que brota una cascada que cae en una gran poza. Es, sin duda, un lugar de recogimiento y descanso para naturales y foráneos, que no dudan en inmortalizar su visita a La Santina frente al chorro de agua.

9. Cascada del Lago Bricial (Cangas de Onís)

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Pocos de los que se acercan a visitar el conjunto monumental de Covadonga evitan la tentación de continuar el ascenso hasta el paraje natural de los Lagos de Covadonga. En la época del deshielo se puede disfrutar del tercero de los lagos, el Bricial, que está alimentado por una potente cascada, La Meana, cuyo caudal está determinado por la cantidad de nieve registrada durante el invierno.

10. Aguasaliu (Los Beyos, Ponga)

aguasaliu

El Parque Natural de Ponga en general y el desfiladero de Los Beyos en particular regalan una sorpresa a cada paso. Una de las más sorprendentes se encuentra en el pueblo de Vidasoa, dominado por una espectacular cascada de más de sesenta metros que se descuelga en varios tramos hasta verter sus aguas en el río Sella. Tras inviernos con intensas precipitaciones en forma de nieve, la caída es, sencillamente, espectacular.