Se llama necroturismo. Quizá el nombre no resulte muy atractivo, pero quienes lo practican disfrutan de arte e historia y descubren vidas y leyendas fascinantes, además de parajes naturales de gran atractivo. Por esto, el turismo de cementerios es una práctica con una larga tradición en Europa que, poco a poco, va conquistando al mercado español. Incluso existe una Asociación Europea de Cementerios Singulares a la que están adheridos unos 180 camposantos de una veintena de países.  Todos conforman la Ruta de los Cementerios, reconocida como Itinerario Cultural por el Consejo de Europa  y distinguida por la Organización Mundial del Turismo por su «innovación, difusión e interpretación del patrimonio europeo». En España se encuentran 22 de esos cementerios, entre los que se encuentra el de La Carriona, en Avilés, que aspira a una nueva distinción en un concurso nacional. También lo hace el de Luarca, cuyas blancas tumbas contrastan con el verde de la montaña y el azul del Cantábrico. Pero no son las únicas necrópolis que, dentro y fuera de Asturias, merecen una visita. Aquí van algunas propuestas.

1. La Carriona (Avilés)

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El cementerio de La Carriona es el gran museo al aire libre de Avilés. Inaugurado en 1890, algunos de los mejores escultores de la época firman sus más destacados panteones y mausoleos, encargados por avilesinos pudientes que aspiraban a perpetuar su legado. Las auténtica obras de arte que decoran sus tumbas (y la de ilustres asturianos como el escritor Armando Palacio Valdés) han llevado a esta camposanto a formar parte de la Asociación Europea de Cementerios Singulares, lo que ha supuesto su promoción internacional. Además, en el año 2015, obtuvo uno de los principales premios del concurso de cementerios que convoca cada año la revista ‘Adiós Cultural’, un certamen que concita gran interés entre los aficionados. Fue en la categoría ‘Mejor escultura’, por el panteón de la marquesa de San Juan de Nieva, aunque quedó como tercer clasificado en ‘Mejor cementerio’. Este año compite en la categoría ‘Mejor actividad de puertas abiertas’ por la organización de rutas guiadas y teatralizadas y la labor de promoción de su Centro de Interpretación. Hay otros nueve aspirantes a este premio, cuyo destinatario será elegido por voto popular. Se puede votar a través de la página web de la revista (hasta el 30 de septiembre.

2. Luarca (Valdés)

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Otro ya conocido aspirante al título de ‘Mejor cementerio de España’ es el de Luarca, que también ha participado en todas las convocatorias del certamen organizado por ‘Adiós Cultural’. De hecho, a falta de dos meses y medio para el cierre de las votaciones, se encuentra entre los tres primeros clasificados gracias al apoyo de los internautas. Pero, ¿qué es lo que hace diferente a este cementerio? Sobre todo, su ubicación. Está situado en la Atalaya de Luarca, sobre el azul Cantábrico y ofrece unas magníficas vistas de las playas y parajes naturales que protegen la villa marinera. Sus blancos panteones (algunos de ellos de gran valor artístico) contrastan con los colores de la naturaleza que enmarca un camposanto en el que descansan los restos mortales del Nobel de Medicina Severo Ochoa.

3. Cementerio musulmán de Barcia (Valdés)

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A pocos kilómetros de la capital valdesana, a las afueras de la localidad de Barcia, se encuentra un camposanto único en todo el norte de España: el cementerio musulmán. En él reposan los restos de medio centenar de musulmanes que combatieron en el bando nacional durante la Guerra Civil. Está en desuso y dudas sobre su titularidad amenazan con sepultarlo bajo la maleza. Con todo, aún se distinguen su muralla, de casi dos metros de altura, y las garitas que custodian su entrada, definida por el característico arco árabe.

4. Niembro (Llanes)

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Otro de los cementerios asturianos que deben gran parte de su atractivo a su ubicación es el de Niembro, en Llanes. Bañado por una ría, las mareas transforman su fisonomía de tal modo que se ha consolidado como uno de los destinos obligados para todo los visitantes de la comarca oriental del Principado. Su belleza y las muchas posibilidades que ofrece lo han convertido en escenario de varias películas, como la aplaudida ‘El abuelo’, de José Luis Garci. Una forma de conocer este camposanto es a través de la ruta ‘Llanes de Cine‘ , que permite visitar una veintena de localizaciones cinematográficas del concejo.

5. Ceares – El Sucu (Gijón)

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Aún no forma parte del itinerario europeo, pero hay interés en que el camposanto de Ceares – El Sucu se convierta en una de las paradas de la Ruta de los Cementerios. Hace algo más de un año, el Pleno del Ayuntamiento de Gijón aprobó una iniciativa que defendía el acondicionamiento y difusión de un enclave que permite desentrañar parte de la historia de la ciudad. Sobre todo, de la Guerra Civil y la postguerra, como recuerdan las placas conmemorativas del paredón de los fusilamientos o el Monumento a los Represaliados. Además, entre los nombres de las lápidas se identifican ilustres como la escritora masona Rosario Acuña. Impulsar ese proyecto, según los cálculos municipales, supondría una inversión cercana al medio millón de euros.

6. La Ballena (Castro Urdiales, Cantabria)

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Asturias no es la única provincia con cementerios en los que merece la pena detenerse. Si las clasificaciones de las últimas ediciones del concurso de ‘Adiós Cultural’ sirven de referencia, el camposanto de La Ballena, en Castro Urdiales (Cantabria)  constituye una parada obligatoria. Gótico, art decó, neoclasicismo… son algunos de los estilos que se pueden disfrutar al caminar por unas calles que parecen guiar los pasos del visitante hacia las aguas del Cantábrico. La miscelánea artística es, por tanto, uno de los rasgos de este cementerio del siglo XIX en el que también llama la atención su ordenación urbanística, delimitada por calles bien definidas y zonas verdes. Fue declarado Bien de Interés Cultural en el año 1994.

7. San Froilán (Lugo)

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La zona original de enterramientos del cementerio de San Froilán de Lugo, adscrito a la red europea, tiene una superficie de 61.000 metros cuadrados, protegidos por un muro de piedra de más de un kilómetro. Fue construido en 1948, pero muchos de los monumentos funerarios del antiguo cementerio de la ciudad fueron trasladados al nuevo emplazamiento, lo que le confiere un carácter ecléctico. Una de sus construcciones más conocidas es la Cruz de los Soldados Repatriados, un recuerdo de los combatientes de la guerra de Cuba. La traza de este espacio contrasta con la zona nueva del cementerio, donde la moderna arquitectura y sus vivos colores representan un canto a la vida. Visitas guiadas, conciertos de música clásica o recitales de poesía hacen de este cementerio un claro adversario para el de La Carriona, ya que ambos compiten en la categoría de ‘Mejor actividad de puertas abiertas’ del concurso nacional de cementerios.

8. Cementerio de Bilbao

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El cementerio de Bilbao fascina desde su monumental entrada, pero se dice que alberga uno de los principales grupos de arte funerario de España, reflejo de la pujanza de la economía vasca entre finales del siglo XIX y principios del XX, cuando fue inaugurado. De nuevo, sus mausoleos y panteones responden a una extensa variedad de estilos y sus más de cien años de existencia permiten rastrear entre las tumbas la historia moderna de la ciudad. Una cripta de la Guerra Civil es uno de sus elementos destacados.

9. Cementerio de los Capuchinos de Mataró

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En Cataluña se encuentran nueve de los 22 cementerios singulares de España, por lo que es un destino más que sugerente para los aficionados al ‘tanatoturismo’, como también se denomina al turismo de cementerios. Uno de los más destacados es el cementerio católico de los capuchinos de Mataró, cuyo origen se remonta a 1817. Su ordenación responde a las sucesivas ampliaciones de la necrópolis, en la que destacan construcciones modernistas de gran calidad artística. Sobresale también un monumento a la memoria de las Brigadas Internacionales.

10. Cementerio inglés de Málaga

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Si para sus vacaciones de verano se inclina por los mares del sur, trate de reservar unas horas para visitar el cementerio inglés de Málaga. Y es que es mucho más que una necrópolis. De hecho, es un jardín histórico con una extensa variedad de especies entre las que se descubren maravillosas esculturas y monumentos funerarios. Es el cementerio protestante más antiguo de España (se empezó a construir en 1831) y el último enterramiento se ofició en 1995. Desde entonces, una fundación benéfica se encarga de su conservación y promoción. Entre sus eternos ocupantes, además de destacadas personalidades británicas, se encuentra el escritor Jorge Guillén. No obstante, una de sus lápidas más conocidas es la de un bebé, Violette, cuyo epitafio reza: «…lo que duran las violetas».