El otoño en Asturias puede ser mágico. Los paisajes verdes se tiñen de oro y ocre y las campañas de recolección de manzana, uva y otros frutos de temporada llenan los campos de vida. En los bosques atruena la berrea y grandes y pequeños se aventuran por caminos y arboledas en busca de setas, avellanas o castañas. Y en los pueblos, en las primeras noches de frío y lluvia, el fuego se invita a todas las fiestas para dar luz y calor. Con estos ingredientes, la diversión está asegurada para toda la familia.

1. La recogida de la manzana

manzana

Los manzanos cargados de fruto son una de las imágenes más identificativas del otoño en Asturias. En los primeros días de octubre, los cosecheros comienzan a apañar la fruta desprendida del árbol, una labor que se prolongará durante varias semanas, hasta recoger las miles de toneladas que se destinarán a la elaboración de sidra. Como en otras cosechas, el duro trabajo en el campo se acompaña de fiesta para hacerlo más ameno y también para darlo a conocer. La gran referencia estos días es el Festival de la Manzana de Villaviciosa, un certamen que tendrá lugar entre los días 12 y 15 en la Capital Manzanera de España. El intenso programa incluye actividades para todos lo públicos: exposición y catas de manzanas y, por supuesto, de sidra; talleres de cocina y jornadas gastronómicas; conferencias técnicas; música, juegos infantiles y concurso de escanciadores. La DOP Sidra de Asturias acercará a todos los públicos el proceso de elaboración de sidra a través de unas gafas de realidad virtual y el Tren Turístico de la Manzana permitirá disfrutar de un interesante recorrido por pumaradas, llagares y construcciones patrimoniales del concejo maliayo.

2. La vendimia

vendimia

Los viñedos del Suroccidente conforman uno de los paisajes de interior más singulares de Asturias. En estos días, además, los colores propios del otoño le confieren un encanto especial. Vistos desde lejos, transmiten tranquilidad y sosiego, pero en su interior hay un constante ir y venir de personas, mayores y pequeños, que comparten el trabajo y la fiesta de la recogida de la uva. Esta tradición ancestral se ha institucionalizado en la Fiesta de la Vendimia de Cangas del Narcea, una cita de Interés Turístico Regional que este año se celebrará entre los días 12 y 15 de octubre. El transporte de la uva en un carro del país que encabeza un colorido desfile por el centro de la villa y la representación de la pisada tradicional de la uva son los actos principales de un programa que incluye catas, venta de artesanía y agroalimentación y juegos infantiles. La mejor oportunidad para saborear el fruto de la Tierra de Cangas.

3. A por setas

setas

Dicen los aficionados que Asturias es un paraíso micológico. De hecho, cada año aumenta el número de quienes se sienten atraídos por la amplia diversidad de setas y hongos de una región en la que se están dando los primeros pasos hacia la consolidación de un turismo especializado. Por el momento, ya están asentadas en el calendario lúdico de Asturias varias jornadas temáticas en las que, además de las sorprendentes exposiciones, se abordan aspectos relacionados con la ecología, la gastronomía y, por supuesto, la seguridad a la hora de coger setas, ya que solo deben cortarse aquellas que se identifiquen con absoluta certeza. Estas jornadas se desarrollan en varios concejos, de Oriente a Occidente, pero una de las más asentadas son las de la Sociedad Asturiana de Micología, que este año celebrará sus vigesimocuartas jornadas micológicas Villa de Gijón entre los días 4 y 8 de noviembre. Se llevará a cabo una recolección de setas que se expondrán en la sede de la asociación. Una charla y una cena para los socios pondrá el broche a la cita.

4. ¿Cogemos castañas?

castana

Pasear por bosques, parques o áreas recreativas y coger castañas es una de las actividades más recomendables para disfrutar del otoño en familia. Después de llenar la cesta, asarlas y degustarlas con un poco de sidra dulce es un placer al que pocos renuncian. De hecho, los amagüestos siguen siendo una de las citas obligadas en decenas de pueblos asturianos. Compartir los frutos del otoño es la excusa perfecta para ensalzar la comunidad y la hermandad entre vecinos, que, de Oriente a Occidente, animan los encuentros con música, baile y, en ocasiones, también con algo de que comedia o teatro.

5. ¡A ‘esfoyar’ maíz!

esfoyaza

Ese espíritu de comunidad que aún se mantiene en la vendimia y se homenajea en los amagüestos, se vivía de forma intensa en la ‘esfoyaza’. Un grupo de personas se reunían en casa de un vecino para limpiar las mazorcas, una labor que amenizaban con música, canciones y bromas. Esta costumbre ancestral se rememora con cariño y dedicación en varios puntos de Asturias, pero una de las celebraciones más conocidas, declarada de Interés Turístico, es el Festival del Esfoyón y el Amagüestu de Navelgas, en Tineo. Desde que oscurece, en los bajos de las paneras y las cuadras del barrio de Navelgas de Arriba, los vecinos recrean oficios tradicionales y elaboran productos como frixuelos, tortas de maíz o castañas asadas, que se acompañan de anís de guindas, sidra dulce y café de tizón. Esta fiesta, que transcurre a la luz de las antorchas, se celebrará el 11 de noviembre.

6. A la buena mesa

cebolles

Tras todo ese trabajo en el campo, que continuaría al día siguiente, era necesario reponer fuerzas y los platos de cuchara se convirtieron en un aliado que, además, ayudaba a combatir el frío a medida que avanzaba el otoño. La vida cotidiana de la mayoría quizá no requiera hoy el aporte energético de los platos tradicionales, pero nada impide disfrutar de las jornadas gastronómicas que, desde mediados de noviembre, invitan a degustar algunos de los platos más representativos de la cocina tradicional asturiana. La referencia está en las Cuencas. En El Entrego se homenajea a ‘les cebolles rellenes’ y Turón hace lo propio con el pote, mientras que Blimea rinde su particular tributo a los pimientos rellenos.

7. Bajo los árboles

biescona

Adentrarse y caminar por los bosques asturianos es una buena opción en cualquier época del año, pero no cabe duda de que los colores del otoño les confieren un esplendor especial. En esta época, los hayedos son una propuesta interesante y uno de ellos es el de la Biescona, en Colunga. En la cara norte de la Sierra del Sueve, es el hayedo localizado a menor altitud de la Península y su proximidad al mar le confiere un microclima singular, además de retrasar los efectos de las bajas temperaturas. El recorrido por esta arboleda tiene una longitud de poco más de cinco kilómetros, que pueden alargarse si se continúa hacia la parte alta del Sueve. Visitar este enclave obliga a hacer una parada en el cercano mirador de El Fitu y disfrutar, si está despejado, de una de las panorámicas más sorprendentes del oriente de Asturias.

8. La berrea

berrea

La berrea del venado es uno de los espectáculos más sorprendentes que ofrecen los bosques asturianos. De hecho, cada vez son más los curiosos y amantes de la naturaleza que acuden a un reclamo que puede disfrutarse desde mediados de septiembre y hasta finales de octubre en concejos como Somiedo, Teverga, Aller, Piloña o Nava. La actividad requiere un guía, que elegirá el mejor lugar para no perder detalle del ritual de apareamiento. Así, por ejemplo, los días 6 y 7 de octubre, a las 16.30 horas, comenzará una ruta gratuita en el Centro de Recepción de Visitantes de Nava en la que un grupo de cazadores llevarán a los asistentes a descubrir la magia de la berrea en la sierra de Peñamayor.

9. En la ‘ferrería’

hererria

Si el otoño invita a refugiarse junto al fuego, ¿por qué no hacerlo mientras el artesano trabaja el hierro? Es, además, una buena forma de conocer la manufactura de un material ligado a la economía tradicional de territorios como Taramundi o Santa Eulalia de Oscos. Es en este concejo, a unos cinco kilómetros de la villa, donde se enclava el Conjunto Etnográfico de Mazonovo. Se trata de una construcción del siglo XVIII rehabilitada y a pleno funcionamiento destinada a dar a conocer esta industria. Además de las herramientas y mecanismos tradicionales de manipulación del hierro, la visita incluye una exhibición de forja y la posibilidad de elaborar tu propio clavo para tener un recuerdo único.

10. Samaín

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31 de octubre, Noche de Difuntos. Pocos lugares escapan hoy de la costumbre estadounidense y grandes y pequeños disfrutan de los disfraces y las fiestas de ‘Halloween’. Pero antes de que esta celebración se extendiese, los ritos celtas del Samaín estaban presentes en pueblos y aldeas. Se vaciaban calabazas y se iluminaban con velas para alumbrar los caminos y los huertos, se colocaban dulces en las puertas de las casas para contentar a los espíritus y se contaban historias de bruxas y ánimas. La guerra civil y la postguerra enterraron estas costumbres, que regresaron en formato americano. No obstante, vecinos de pueblos como Mieres se han empeñado en recuperar la tradición asturiana y, aún con sus adaptaciones, el Samaín vuelve a estar en el calendario del otoño asturiano.