«Asturias, patria querida, Asturias, de mis amores…» Así comienza el himno de Asturias, una canción popular donde las haya. Pues bien, su historia es amplia, profunda y complicada y no tiene sus raíces solo en el paraíso natural. ¿Conocen la versión polaca del himno?

Se podría decir que el himno de Asturias es fruto de la emigración. Fue Ignacio Piñeiro, un cubano hijo de asturiano, nacido en 1888, quien  compuso la letra motivado por la añoranza que le había contagiado su progenitor, que llegó a dejar a su familia en Cuba para venirse a morir a Asturias. La letra fue registrada por Piñeiro ya en 1930, con otra melodía distinta a la que suena como himno regional, pero es el germen del que hoy conocemos.

La canción no fue por tanto un himno en sus orígenes, sino que se fue popularizando gracias al ir y venir de la sociedad ultramarina hasta que un decreto ley la elevó definitivamente a categoría de himno en 1984.

Si bien la historia de la letra nos lleva hasta Cuba, la historia de la melodia nos conduce también lejos de Asturias, ya que la música que sirvió de base a la letra de Ignacio Piñeiro tuvo su origen en la región de Silesia, en Polonia. Y es que, muchos fueron los intercambios que hubo entre Asturias y Polonia a partir del siglo XIX, sobretodo en la minería. Mineros polacos se asentaron en el Principado y trabajaron en las minas de las Cuencas Mineras del Caudal y de Mieres. Estos mineros polacos fueron los que trajeron a Asturias la melodía que acompañaría al texto de Piñeiro, una melodía tradicional que ya era popular desde mediados del siglo XIX en Opole, en la zona de Silesia.

La letra del himno sufrió distintos cambios y fue paulatinamente adaptándose a las circunstancias sociales que vivió Asturias en ese período histórico. Según relata el avilesino Fernando de la Puente, «hay que tener en cuenta que no se trata de un tema folclórico surgido en el seno de un ambiente rural, sino que se populariza en un medio urbano industrial, como son las cuencas mineras asturianas, donde resultaba ciertamente propicio aprovecharse de su popularidad e ir adecuando el contenido del mensaje a las circunstancias del momento».

Así era la versión popular, revolución de Asturias de 1934.

Asturias, tierra bravía,
Asturias, de luchadores;
no hay otra como mi Asturias
para las revoluciones.
Tengo que bajar a Oviedo
empuñando mi fusil
y morirme disparando
contra la guardia civil;
Contra la guardia civil
y los cobardes de Asalto;
tengo que bajar a Oviedo
y morirme disparando.
Los obreros, en Asturias,
demostraron su heroísmo
venciendo a la clerigalla
y al feroz capitalismo
Los de Lerroux y la CEDA
son los verdugos de España,
los que roban las conquistas
del obrero que trabaja

Durante el franquismo se intentó que cayese en el olvido, desprestigiar la melodía, e incluso algunas personalidades como el escritor Manuel Vázquez Montalbán fueron encarceladas en su momento por cantarla. Pero aquella canción que sufrió tantos vaivenes se sobrepuso a las circunstancias y llegó a convertirse en la bandera vocal de todos los asturianos, que cierra todas las verbenas y romerías y que llega a poner el vello de punta cuando se escucha en determinadas ocasiones.