Fuisti al Carmín de la Pola, llevasti medies azules, llevástiles emprestáes, aquelles nun yeren tuyes… Todo el mundo en Asturies conoce los versos que una de las romerías más famosas ha inspirado en el cancionero popular, pero… ¿cuál es la historia del Carmín de la Pola? Mucha más de la que parece: una de más de tres siglos.

carmin-carteles

No sabemos si lo hicieron calzando medias azules o no, pero la cuestión que hizo nacer al Carmín de la Pola ocurrió el ocho de junio de 1695: ese día, Andrés del Quintanal y María García fundaron una capilla en pleno bosque, en los terrenos que hoy ocupa la polesa plaza de Las Campas. Nueve días más tarde, en la jornada siguiente al Carmen, se bendijo la capilla y se salió en procesión: aquel fue el primer germen del actual Carmín; la multitud hizo el resto. Hay quien dice que las raíces de la fiesta que hoy se celebra en la Pola se hunden en el hecho de que, en torno a aquella capillita, se fundase una cofradía, la de Nuestra Señora del Carmen, que fue tendencia en la época: más de un centenar de cofrades, a razón de tres reales por cabeza, la conformaron y, claro, tantos no cabían en una sola festividad.

Así fue que se fundó el Carmín, o lo que venía siendo el Carmen pequeño; unos tantos días más tarde y en el que reinaba más lo profano sobre lo divino. Las fiestas del siglo XVIII, sin merecer o desmerecer a las actuales, no se parecían en nada a estas: subastas de ramos, danzantes (hicieron su primera aparición en 1776), procesión y empanada de anguila (abundante alimento, parece ser, en el río Nora por aquel entonces) para almorzar al lado de la ermita eran los protagonistas de aquella jornada, por entonces celebrada en el Castañéu Llano, una frondosísima arboleda en El Bayu, cerca de Valdesoto. Aquella fue la primera localización del Carmín más ancestral, pero no sería la última. En 1810, cuando la capilla de Quintanal y García fue destruida por el invasor francés, se hizo tabula rasa y la juerga paró durante un lustro.

Fue entonces, tras la guerra, cuando comenzó a celebrarse la fiesta de lunes, al día siguiente del Carmen. Ha ido ganando terreno, desde entonces, la juerga más profana. El práo de la fiesta cambió con el tiempo y los más viejos siguen recordando la segunda ubicación, cerca de la estación y con un desnivel tal que había que entrar por pasarelas. ¡Mala idea cuando el alcohol corre en demasía! A mediados de siglo pasado, otro Castañéu Llano (que… no era llano) reemplazó el terreno, en la zona donde ahora se levantan los colegios Hermanos Arregui y Celestino Montoto, y aun hubo un práo intermedio hasta llegar al actual de La Sobatiella: el de Venta la Uña, por fin sin pendiente, a donde la fiesta se desplazó en 1979.

carmin1927

Más de cien años atrás: el Carmín de 1899

Que el Carmín se considerase, con permiso de todas las demás, la fiesta de Asturias, fue algo que ya comenzaba a vislumbrarse a finales del siglo XIX, con la irrupción de la prensa regional que, en verano, daba cuenta de las principales juergas, de sus programas y de su repercusión. Y, a tenor de lo que dijeron de las de 1899, el Carmín de hace 118 años no era manco precisamente. Aquel año, los visitantes a la fiesta recibieron una revista con artículos y fotograbados, editada por Eduardo Sánchez Vizcaíno, y se cantaron versos como el que sigue:

No hay Pola como mi Pola,
ni sidra como su sidra,
ni gente para una broma
de más humor y más chispa

Se arrancó la fiesta a eso de las diez de la mañana, con música y paseo en la calle de Celleruelo, hasta las doce. Al mediodía distinguidas señoritas sirvieron comida a los pobres de la parroquia y a las tres de la tarde se convocó -premios en metálico mediante- el certamen de gaitas y tambores, finalizado con el disparo de voladores y la salida de gaitas y tambores en dirección al Castañéu Llano. ¡Comenzaba la romería! Y, en torno a ella, no mucha diferencia, al menos teórica, a la actual: la prensa dice que hubo merienda, paseo, música por la banda y gaitas y tambores, bailes populares y juegos y que se terminó al anochecer, al son de la danza prima de El galán de esta villa, según se había venido haciendo desde tiempos inmemoriales.

carmin1931

¿Novedades? Aquel año las hubo. A las diez de la noche, por ejemplo, se iluminó la plaza de la Iglesia y la calle del Celleruelo, hubo fuegos de artificio y una salva de bombas reales para finalizar la fiesta, a las dos de la mañana (en torno a la hora de recogimiento sí hemos cambiado bastante…). Y hasta servicio extraordinario del tren de los económicos, que desde las nueve de la mañana hasta el fin de fiesta unió Oviedo con la Pola para el solaz de los forasteros.

 

guaxaTiempos de guerra: nada detuvo al Carmín

Absolutamente nada. ¡Ni un golpe de estado! En 1936, el Carmín cayó en 18 de julio y, aun así, se siguió celebrando, como recordaba, hace algunos años, Joaquín Vigil, el Guaxu, sobrino de la archiconocida Pacita. Sonaban los tambores de la guerra en toda España y también en la Pola, pero aquel día allí también tocaron los de la fiesta. Se dispararon palenques a las doce y al atardecer hubo concierto de Banda Siero Musical, en el parque de Alfonso X, y verbena con iluminación eléctrica, cohetes y globos. Después, la nerviosa calma de la tragedia y, a la vuelta, siguió la fiesta. El Carmín volvió a celebrarse en el 39 y aquel año, en el “Región”, Fernando Vázquez-Prada publicaba unos versos muy de la época. Se titulaban Romance de los polesos que estábamos en Madrid… atacándolo, se entiende:

Onde esté la Danza Prima
váyanse ya, enhoramala,
tóos los bailes extranjeros
que no son más que morralla.

Hubiera yo dáo la vida
por danzar la hermosa Danza
engancháu por los meñiques
cantando con arrogancia
¡Ay un galán desa villa!
¡Ay, busco a la niña blanca
desde el Castañeu Llanu
hasta llegar a la plaza!…

Por eso los que volvemos
a contemplales con ansia
damos-y gracies a Dios
y a la Virgen soberana
porque el Caudillo gloriosu,
el salvador de la Patria
arrancónos de les garres
de la tiranía asiática
y devolviónos lo nuestro
lo mejor que hay en el mapa.

Un buen polesu lo firma:
Ye Fernando Vázquez-Prada.

 carmin1935

Y después…

… es ya hoy. Desde entonces hasta ahora ha cambiado lo superfluo, no tanto lo esencial. Surgió la costumbre, ya casi rito, del agua, las charangas… Los Pepitas, ya disuelta, Los Piloñones y Los Cascáos, estos últimos surgidos al calor de la parroquia de San Pedro, protagonizaron las subidas y bajadas al práo sustituyendo a la gaita y tambor de antaño -aunque también- y, en 1982, llegaron a organizar un Carmín doble, visto el chaparrón infernal que cayó el lunes de la fiesta. El resto ya lo recordará el lector. La batida del récord de escanciado de 2004, en el que se duplicó el de Gijón y se sirvieron los vasos en un autobús double-decker; la sentida manifestación improvisada de 1997, pocos días después del asesinato de Miguel Ángel Blanco en Lasarte-Oria o las celebraciones por la victoria de España en el Mundial del 2010. Aquel año, por cierto, se compuso hasta himno oficial. Y hasta hoy. Un año más -y ya van más de trescientos- volverán a unirse los meñiques en la danza cuando la romería se acabe y, aunque pocos recordarán aquellos orígenes religiosos de los primitivos Carmines, volverán a tararear, como toda la vida (esta vez, la expresión es literal) aquello de…

¡Ay! Un galán de esta villa,
¡ay! Un galán de esta casa,
¡ay! De lejos que venía,
¡ay! De lejos que llegaba…