---- La furia del Hortensia | Asturmix

Hace ahora treinta y tres años, el ciclón Hortensia pasó por Asturias dejando daños irreparables: solo nos visitó un día, pero los vientos llegaron a alcanzar los 156 kilómetros por hora y hubo que lamentar dos muertes.

Como pudo haber sido peor, nadie se preocupó por el Hortensia hasta que llegó. Había nacido al suroeste de las Azores y, decían, no iba a ser nada comparado con las tormentas tropicales que, al otro lado del charco, asolaban los pueblos. Pero el Hortensia estaba por convertirse en el peor de los ciclones en Galicia hasta que, en 2009, le quitase el récord en vientos turbulentos el Klaus, y uno de los más fuertes en Asturias. Ocurrió en 1984, a principios de octubre, en una época en la que pocos tenían claro qué consecuencias podía tener un ciclón en el norte de España.

Calle 17 de agosto en Gijón

Calle 17 de agosto en Gijón

A Galicia llegó primero. La borrasca se hizo fuerte en la madrugada del tres para el cuatro de octubre y, en el monte Ventoso, en Ferrol, cuyo nombre indica que ya los solía tener fuertes de por sí, los vientos superaron todos los récords habidos y por haber: llegó a azotar hasta a 158 kilómetros por hora, solo un par más que los que hubo, al día siguiente, en Oviedo. Hubo un muerto y, si no hubo más, fue porque la mayoría de la gente dormía o, al menos, intentaba hacerlo. Pero no habría tanta suerte en Asturias.

Árboles caídos en el Parque Isabel La Católica en Gijón

Árboles caídos en el Parque Isabel La Católica en Gijón

Hasta aquí había llegado, también, la alarma. Las policías municipales y nacionales estaban avisadas; la Cruz Roja y hasta el Ejército en un radio que llegaba hasta el golfo de Vizcaya: allá a donde llegaría la furia de los vientos y la flota pesquera echaba amarras, temerosa de los efectos del temporal en el mar. Los 156 kilómetros por hora de Oviedo batieron récords pero, irónicamente, no fueron los vientos más dañinos los de la capital. “Allí no hubo que lamentar ninguna desgracia personal”, informaba EL COMERCIO al día siguiente, en un reportaje de Espiniella, ilustrado por las fotos de Citoula. “Solamente se produjeron caídas de árboles, macetas y vallas publicitarias”. Quizás porque el pulmón verde de la ciudad, el Campo San Francisco, había sido clausurado al público, no hubo que lamentar desgracias personales.

Destrozos en el número 22 de la calle Claudio Alvargonzález de Gijón

Destrozos en el número 22 de la calle Claudio Alvargonzález de Gijón

Distinta suerte se corrió en Allande y en Cangas de Onís, que sí sufrieron dos muertes. En Allande, más concretamente en Celón, la anciana de 75 años Manuela M. murió tras derribársele encima un árbol, y en Isongo (Cangas de Onís) perdió la vida Fernando G., de cincuenta y tres años, electrocutado después de que los cables del tendido eléctrico, que habían sido abatidos por el viento, cayeran sobre él, electrocutándole. El temporal había llegado a Asturias a primera hora de la tarde y, al caer la noche, seguía azotando puertas y ventanas. No era solo viento. La colisión de dos frentes, frío y caliente a la vez, hizo que rompiera a llover como si se tratase del diluvio universal. Las vías se anegaron -imposible conducir por las carreteras asturianas- y los edificios viejos, en mal estado, se partieron literalmente en dos.

Por ejemplo, en Gijón, aunque afortunadamente, no llegó la sangre al río: un hombre resultó herido leve por el golpe de un trozo de balcón que, a la deriva desde su desprendimiento en Manso, llegó hasta la Casa de Socorro sin necesidad de tocar suelo ni en un solo momento. ¡Y eso que en Gijón no se llegaron a superar los 71 kilómetros por hora! Cayeron árboles en Somió, en La Guía, en Deva y en la Carbayera de Roces, los troncos hicieron cortar varias calles y el Isabel la Católica se cerró ante la posible hecatombe: finalmente, que tampoco es poca cosa, cayeron en su interior solo tres o cuatro árboles. Habría también bajas animales: a las afueras de Gijón, una vaca a la fuga pisó varios cables del tendido eléctricos derribados por el temporal y se electrocutó.

Avenida del General Perón en Gijón

Avenida del General Perón en Gijón

Una decena de heridos -la más grave, una joven mierense de quince años a la que le cayó encima la rama de un árbol cuando trataba de llegar a su casa desde el instituto; los gallegos, más previsores, habían suspendido las clases aquellos días- y espectaculares olas de más de ocho metros pusieron el broche final a unas jornadas que aun seguirían presentes en la mente de los asturianos bastantes meses después. Las páginas de “El Raitán”, el suplemento infantil de EL COMERCIO, fueron buen ejemplo de ello: desde los críos más optimistas (“El ciclón Hortensia / ya pasó y casi no se oyó. / Llovió y llovió / y, por fin, paró. / Los niños, asustados, / corrían embarullados”, escribió Patricia Fanjul) a los más dramáticos (“El ciclón Hortensia, que ya pasó, / era horrible, era veloz, / Tira árboles, tira casas y todo se destroza. (…) / Tus vientos fuertes vinieron. / Yo no sé de dónde vinieron, / pero, por favor, no vuelvas a Gijón”: fue obra de la niña Noelia Iglesias) escribieron y dibujaron sobre un ciclón del calibre, afortunadamente, de los que no suelen ocurrir. ¡Y que no ocurran!