Saltar cajas, escalar una cuerda, hacer flexiones colgado de una barra, levantar una rueda de un tractor… Es la nueva modalidad deportiva no apta para cardiacos que arrasa en Asturias. Su nombre: crossfit. Consiste en quemar grasa de una manera ‘divertida’ en lugares no demasiado ‘profesionales’. Las naves adaptadas para practicarlo carecen de mobiliario, solo cuentan con unos cuantos elementos clave. Vamos, que la máquina es la persona y el aburrimiento está prohibido.
Los americanos han vuelto a imponer su moda y han conseguido revolucionar los gimnasios asturianos, que desde el año pasado han querido subirse a una ola que cada vez atrapa a más personas. El creador del crossfit fue Greg Glasmann, un gimnasta que en 1995, en Santa Cruz (California), decidió cambiar el concepto de trabajar en el gimnasio. Y vaya si lo consiguió. Ha extendido su modelo prácticamente por todos los rincones del mundo y buen ejemplo de ello es el Principado.
Para muchas personas acostumbradas a hacer deporte, bien sean hombres o mujeres, el crossfit otorga un diferencial muy interesante: permite, mediante el trabajo a alta intensidad en rutinas cortas, trabajar varios grupos musculares y lograr un gran gasto energético. Eso logra resultados físicos muy rápidos, casi inigualables en otras disciplinas. Por eso, también son muchos los que lo eligen como complemento para otros deportes. Personas que juegan al fútbol, al tenis, al hockey o al voley o que eligen el running como actividad principal fueron los grandes promotores de este cambio.
El gijonés Miguel Gallo, amante del deporte y graduado en INEF, se aficionó a esta modalidad hace ya algo más de un año. Todo comenzó en un box de la ciudad, donde permaneció diez meses entrenando, conociendo los entresijos del mundillo y ahora lo hace por su cuenta, diseñando sus propios entrenamientos. Entre la infinidad de ejercicios posibles, «los que más me gustan son los funcionales, como el ‘box jump’, ‘kettlebell swing’, saltos con la comba, ‘burpees’, ‘toes to bar’…». Nombres que dejan claro sus raíces americanas pero que son como extraterrestres para quienes no lo practican.
Pero ¿qué tiene el crossfit que consigue atrapar a todo el asturiano que decide practicarlo por primera vez? Para este joven de 27 años la clave reside en «la superación personal». «Quiero sentirme bien físicamente y con el crossfit sabes que estás entrenando habilidades que no son posibles de entrenar en una sala de pesas con simples máquinas. Eres tú contra ti mismo. No hay más competición que tu persona y el objetivo que quieras lograr, la meta que te marques. Es precisamente eso, tu propia satisfacción personal, lo que te anima a seguir e ir a entrenar», detalla.
La principal ventaja de practicar semanalmente crossfit es para Diego Rebordinos la posibilidad de corregir posturas. «A la hora de coger peso, corriges posiciones y es una modalidad deportiva que, además te permite adquirir musculatura bastante rápido», indica. «La falta de monotonía por el amplio abanico de ejercicios posibles, poder potenciar todas las partes del cuerpo y el buen ambiente que se genera en los boxes son características que hacen que la gente se anime a practicarlo», remacha este gijonés que se aficionó hace ya un par de años.
crossfit

«La verdad es que cuando empiezas impone un poco porque hay que trabajar mucho y las agujetas son una constante, pero los beneficios son enormes. Si eres constante y tienes paciencia, el crossfit hace que te sientas mejor con tu cuerpo», explica Inés Martínez, una ovetense de 32 años que ha encontrado en esta modalidad deportiva «la clave para acudir con asiduidad al gimnasio, porque realmente te diviertes». Por este motivo anima a las mujeres a que lo «prueben. En un primer momento se te puede pasar por la cabeza de que es un deporte para hombres, pero nada que ver, los ejercicios se adaptan a cada persona independientemente del sexo».
Cuando uno llega a un gimnasio donde se practica crossfit se da cuenta enseguida que no está en un gimnasio convencional. No hay espejos. No hay máquinas. Los techos son altos y en muchos de los casos incluso son naves industriales con un espacio enorme. Se puede entrenar sin camiseta y no suele ser normal que haya televisores en cada esquina para motivar a los usuarios. Es más, cada uno va a lo suyo. Además es habitual que los alumnos salgan a trotar en grupo por los alrededores del gimnasio como parte del entrenamiento.
«Parte del éxito de este entrenamiento reside en saber organizar las clases en grupos pequeños, de entre 10 y 12 personas, para poder estar encima de los alumnos y controlar cómo realizan los ejercicios», asegura Miguel Blanco, de Crossfit Naranco, que hasta tuvo que ampliar el box debido a la gran acogida del público.
Pero, ¿qué pasará cuando ya no esté de moda? Al seguidísimo entrenamiento de intervalos cortos nadie le planta cara por el momento, pero ya hay otras modalidades que le pisan los talones como el paleo training, el battle rope, freeletics o the grid. Nombres que ahora suenan a chino, pero que están ahí fuera esperando a entrar en el olimpo de los deportes de gimnasio.